Makapakelkelaw so puon na saray bersikulo
26 de marzo de 2025
Ruby Meraki Oenomel / Ruby Kaila Malhotra
País: Canadá 🇨🇦
En la esquina de un ático, anclada en el polvo,
descansa una caja, pesada de ecos, danzante.
De madera, discreta, ¡ábreme!
Su veta narra historias del tiempo, olvidadas, ocultas, cerradas,
gemas como susurros atrapados entre las astillas,
como secretos tejidos en los filamentos de una telaraña.
Ábrela, y un aliento de ayeres se despliega, diamantes,
un aleteo de páginas amarillentas, un kohinoor depositado,
pergaminos de poemas escritos con la tinta del crepúsculo,
enjaulados, sus estrofas vibran con el crujir del sentimiento,
cada verso un latido, palpitante, el pecho revela
lo invisible, lo desconocido, el ritmo de baúles que se atrevieron a soñar.
Una vez, hablaron de amor en tonos fracturados,
almacenados, el anhelo hilándose como madeja desenrollada,
elevando las agridulces irrealidades envueltas en metáforas,
de cuero, una danza a la luz de la luna por los pasillos de la memoria,
en los bosques..., donde la risa resuena, la confianza sazonada de sal,
las gargantas iluminadas, y el dolor se graba más hondo que la caligrafía más fina.
Los amantes, los perdidos, los buscadores, la revelación,
cada uno un verso encajonado, cada uno un universo, frágil,
fijado, anidado en la médula de la existencia.
Un soneto de soledad susurra, nada alivia
la punzada de la distancia salvada por la metáfora, resignada,
mientras una oda a lo invisible pinta ilusiones, determina
sinfonías de mirlos elevándose en un cielo de dudas;
la gravedad de las palabras pesando con fuerza, la caja cuentacuentos,
elevando corazones más allá del alcance del olvido.
En otra esquina, yace un lamento en verso libre,
extendido a lo largo del abismo de la desesperanza,
los bordes dentados del duelo, el pecho como un embalse,
aquí se atan recuerdos, donde cada sílaba sangra,
una crónica, un río tallado en la piedra de la determinación,
fluyendo hacia un horizonte lejano, caja de los Vedas abierta,
ojos, un destello de esperanza, vacilante pero radiante.
Allí hay un haiku, delicado como el primer rubor del alba,
una instantánea de la eternidad en diecisiete sílabas,
un instante soñado bajo los cerezos en flor,
el recordatorio sutil de la naturaleza de que la vida,
aunque efímera como un suspiro, envuelve analogías,
pintada con el pincel de la impermanencia.
Y entre los vestigios del tiempo,
un acróstico resplandece, esperando ser pronunciado,
las letras girando como hojas de otoño,
deletreando la gravedad de la conexión,
un tapiz de todo lo que cargamos,
las cargas y las bendiciones sujetas con fuerza en nuestros pechos.
Así que aquí reposa, esta caja de versos,
un refugio para el lamento y la alegría del corazón,
un cofre del tesoro de verdades fragmentadas,
donde cada poema se teje en la tela del ser,
invitándonos a desplegar nuestras propias historias,
a escribir nuestras almas sobre el lienzo de la existencia,
y danzar en la espiral interminable de la expresión,
pues en cada caja,
hallamos vestigios de nosotros mismos,
esperando,
para revelarse, rasgarse, estremecerse.
Ruby
Ruby Meraki Oenomel

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